9 de abril de 2012

Las puertas del infierno



El viejo Dante, cansado de mirar las puertas del infierno y de darle vueltas y más vueltas a lo que encierran, se decidió a bajar del tragaluz, se emancipó por completo, y el poeta se convirtió en pensador.

No debe llegar a ninguna conclusión desde entonces; no tiene claro si lo que ha encontrado le gusta, o le horroriza. Se ha echado a correr mundo, perdón, a correr infierno, y nos sorprende de ciudad en ciudad.
En la misma postura desde hace ya cien años, entre darle vueltas a una idea obsesiva, y satisfacer alguna otra necesidad escatológica. Tal vez ambas cosas hayan sido su consuelo ante tanto mirón atolondrado, tanto fotógrafo impenitente, tanta vulgaridad malvada y tanto desatino. Nada que ver con esas maldades, sufrimientos ideales, heroicos, que las puertas de infierno prometían.

2 comentarios:

David Porcel dijo...

Me gusta la comparación final que haces. Veo que tu blog va cobrando cuerpo. Saludos

Manuel Marcos dijo...

Echados a correr infierno, como Dante, estamos, sí. Muy al hilo de los tiempos que vivimos, habremos de acometer descensos peligrosos todavía. La compañía de la filosofía será un alivio y una grandísima ayuda. Saludos señor Velasco.