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3 de junio de 2026

La guerra de las salamandras

                                                           

La novela y su autor son poco conocidos en nuestro país, a pesar de que Čapek es el padre de una palabra tan familiar como robot, que empleó en su obra de teatro R.U.R. (Robots Universales Rossum) escrita en 1920.

La guerra de las salamandras apareció en 1936, año decisivo para la expansión de la pesadilla fascista en Europa. Čapek, checoslovaco, no sólo fue un agudo observador de sus vecinos alemanes, sino que, alzando su mirada, criticó los abundantes totalitarismos de su época, sin importar de qué signo fuesen.

La novela transcurre en un espacio geográfico que, a grandes rasgos, coincide con el de su momento histórico, pero al situarla en un tiempo indeterminado, altera la espacialidad de los mapas. De este modo, puede presentarnos una sociedad ficticia que retrata los dislates de aquellos años treinta, y alumbra el momento presente. No solo los fascismos, también los afanes colonialistas de las grandes potencias, y su rivalidad, desfilan socarronamente por sus páginas.

Por momentos, la obra se desliza entre la novela y la investigación periodística, siendo de gran interés la abundante documentación, tanto científica, como de noticias, construida por el autor en torno a las salamandras. Este recurso le sirve para practicar una aguda crítica a la deshumanización cientifista, y su alianza con el poder económico. Así, como si de un estudio político y antropológico novelado se tratase, nos ofrece una atípica distopía, salpicada de un humor lúcido y mordaz.

Hoy, la creciente banalización de la violencia, el auge de la ultraderecha, y el nuevo colonialismo económico, conforman un panorama al que podemos llamar postfascismo, y ante el cual esta guerra de las salamandras puede ayudarnos a entender las oscuras trampas que la especie humana se tiende a sí misma.

 

9 de julio de 2021

El futuro en la educación

 


Poco antes de la Gran Recesión del 2008 (de la cual, por cierto, aún no hemos salido) al recomendarle a un alumno de la e.s.o. que aprovechara el tiempo, me espetó: “cuando cumpla los dieciséis me voy a trabajar de albañil como mi hermano, ¡que cobra más que tú!”

Y en la España de ese momento tal situación era cierta, sin cualificación profesional, sin acabar siquiera la eso, un peón de albañil con sus horas extra, cobraba más que un profesor de secundaria, con su licenciatura y su oposición.

Si el sueldo mide la importancia de un oficio -calvinismo imperante unido al economicismo-, entonces un profesor, sea de primaria, secundaria o universidad, no parece tener mucha.

Por otra parte, la devaluación de la función social del docente resulta inevitable si no se entiende cuál es esa función, y a día de hoy, comenzando por la mayor parte de los políticos, se ignora el para qué de la educación. Lo cual nos encara ante la raíz de todo nuestro problema, una ausencia presente en nuestras escuelas, institutos, universidades, en nuestro sistema educativo entero y en nuestra misma concepción de la educación: la ausencia de proyecto, de ideal de humano y de sociedad; la ausencia de utopía.

Sin meta resulta igualmente absurdo hablar de progreso como hablar de regreso, porque el horizonte se ha tornado parte de un decorado que tan solo sirve para generar una falsa ilusión, o para ocultar un angustioso vacío -nihilismo, sentenció Nietzsche- Y es que nuestra especie para vivir, en vez de arrastrarse inercialmente en una existencia lastrada por la nada, precisa de futuro, el cual implica sentido y por tanto, metas, proyectos, ideales. Otro asunto es el origen del necesario sentido, el cual nace de nosotros mismos y nuestra relación con el medio, no lo olvidemos, pero esto nos llevaría demasiado lejos.

De momento, la inercia nos mantiene apoyados en el viejo proyecto ilustrado, el de la emancipación a través del conocimiento racional, que exije dotar al humano de la herramienta básica, la lectoescritura que le permite acceder al conocimiento. La práctica, sin embargo, lo muestra tan ruinoso, como ineficaz, pues hoy el problema no es el acceso, sino la saturación de información, y los nuevos códigos en que se apoya, las imágenes. Sin embargo, no se dota de una “lectoescritura de la imagen”, de una educación icónica, para no estar indefensos ante las tic. Unas tecnologías donde la imagen apela directamente al sentimiento y la emoción, para guiar al usuario hacia el conformismo individualista, estando así implicadas directamente en la disolución de los lazos que generan comunidad, pues falsean las relaciones humanas generando afectos ilusorios y efímeros.

Tampoco, en consecuencia, es suficiente la mera razón ante la situación presente, pues las tic funcionan más al modo de los viejos mitos que al la joven racionalidad. Sin embargo, parecemos ciegos ante la necesidad de educar tanto en lo emocional, como en lo icónico a ello ligado.

Si no sabemos cómo queremos ser, ni en qué mundo queremos vivir, estamos condenados, no ya a ser y vivir como de hecho lo estamos haciendo, sino como las circunstancias mandan y como los deseos inconfesados, que siempre van a salto de mata, improvisan torpemente.

Otra consecuencia de la ausencia de proyecto es la pérdida de la esperanza, sentimiento imprescindible si queremos seguir siendo humanos e incluso seguir existiendo simplemente.

Espinosa no entendió la esperanza, la creyó una pasión triste y bloqueante porque en realidad hablaba del conformismo, el que está bien atado por el deseo de una solución que cambie el presente por arte de magia, sin intervención nuestra. Tal vez sea cuestión de terminología, pero la pasión que critica podría llamarse fatalismo engañado, y está en las antípodas de la esperanza, la cual es mirada alegre, consciente del camino y sus dificultades, pero a la par confiada en lograr su meta, la cual ha sido fijada por el mismo hombre esperanzado.

Todo ministro de educación debería leer a Bloch en vez de los informes de la OCDE, los de Pisa, los del Consejo Escolar del Estado o las estadísticas de su ministerio. Las leyes de educación no están guiadas por la esperanza, no enfrentan el futuro, sino que reaccionan lentas y mal al pasado, de manera que consagran el presente. No cuestionan si tal como se está desplegando hasta hoy la sociedad de la información es deseable o no, si ha de cambiarse, y en este caso, cómo, simplemente aspiran a que los estudiantes se suban a ella como usuarios eficaces.

Más todavía, colaboran con su funcionamiento al estimarla el cauce, cada vez más necesario, para la marcha del propio sistema educativo. No se plantean qué es, ni cómo ha de funcionar el mercado, o la economía en general, tan solo tratan de formar ciudadanos funcionales para un mercado concreto ya en funcionamiento, y trabajadores que satisfagan las necesidades de una economía dictadora de las leyes de nuestra sociedad.

No sopesan si el actual orden de prioridades vitales nos conviene o nos interesa, simplemente lo perpetúan en los planes de estudios y en los currículos de las diferentes asignaturas. Todo lo más, hacen declaración de buenas intenciones en los preámbulos de la ley, que luego su desarrollo se encargará de imposibilitar. Como al hablar de la formación de ciudadanos críticos, democráticos y responsables, cuando luego vacían a la escuela de todo funcionamiento democrático, anulan la capacidad decisoria de los Consejos Escolares y de los Claustros de profesores, esclerotizan la participación del alumnado y los padres, desoyen cualquier propuesta, petición o reivindicación. O al llamar al fomento de la igualdad, de la integración y la inclusión, cuando luego se financia una red concertada excluyente, desigualadora y que se sacude de encima a todo alumno con necesidades especiales del tipo que sean. O cuando proponen el trabajo colaborativo, el aprender a aprender y en la práctica premian la competencia feroz, el individualismo, la pugna por los resultados numéricos y la titulitis (de la cual varios de nuestros políticos han manifestado graves síntomas).

Si tenemos futuro, es para orientar y encauzar el presente, no para huir de él. El pensamiento utópico no es sueño veleidoso, ni fuga de la realidad, sino su motor de cambio, es esperanza. La única que puede sacarnos de la presente distopía en que estamos inmersos. Por eso el futuro en la educación es la base necesaria que le da sentido y evita su giro en el vacío.

3 de junio de 2014

Despertamos

Una secuencia de La mirada de Ulises, resume magistralmente el último cuarto del siglo XX y la primera década del XXI. Muestra una estatua de Lenin despiezada y trasladada por un río, seguramente hacia algún mercado alemán del arte o de las antigüedades. En la barcaza van tanto el final del sueño comunista, como el rumbo de la política europea tras la guerra fría.

La muerte de la última utopía colectiva se fue sobrellevando porque los logros de justicia social en occidente todavía daban de sí para un par de décadas. La intelligentsia se ha repartido entre los desorientados y pesimistas, por un lado y los acomodaticios y apesebrados por otro. Los políticos, bien se han destapado como vampiros liberales, sin tratar ya de convencernos de que eran de centro, bien han ocultado sus colmillos tras su patente de progresía.

Otra imagen, de El paso suspendido de la cigüeña, enseña unos trabajadores destacando con chubasqueros amarillos sobre un cielo plomizo, que restablecen un tendido telefónico. En ella recuperamos las relaciones sociales que parecían extinguidas y restablecemos nuevas líneas de comunicación ciudadana.
Despertamos a la esperanza, construimos la necesaria utopía, sin la cual la vida carece de sentido.

14 de abril de 2014

Ni oirlo mencionar


No se entiende el porqué este rechazo visceral a una república en nuestras Españas, ¡en el 2014!
Tal vez porque en el imaginario de estas tierras República siga siendo sinónimo de voluntad de justicia, igualdad, dignidad.
Deseo de un país menos podrido, sin indultos a banqueros que roban a sus clientes, ni a cargos electos condenados por corrupción.
Sigue siendo un ideal y tal vez por eso mismo, quienes están enfangados hasta las cejas no quieren ni oirlo mencionar.

2 de diciembre de 2012

Arrepentimiento


Uno puede encontrar en la vida dos clases de arrepentimiento, el lamento por lo hecho y el dolor por lo no hecho. La mirada obsesiva hacia la mala acción como hacia la omisión, las emparenta por lo que tienen de fijación inútil, de petrificación del tiempo. Lo más fácil es recordar lo mal hecho y lo no hecho recociéndonos en nuestro propio jugo. Lo irreversible es una cualidad esencial del discurrir temporal, nos recordó Jankélévitch, pero también lo es la futurición. Por ello, lo más sabio es encarar las nuevas realidades por venir, convertir la nostalgia de las posibilidades desaparecidas en una nostalgia hacia adelante, es decir, en esperanza, en proyecto. Hoy más que nunca -parecemos presas del fatalismo- necesitamos este motor.

30 de agosto de 2012

Otra vida


La vuelta siempre es costosa. Se conjuga eso que los psicólogos llaman resistencia al cambio, con la perspectiva de los meses iguales, pautados por obligaciones, horarios rígidos, y prisa, una constante sensación de prisa. Se une a ello la insoportable vida urbana, a la que uno acaba, como a todo, acostumbrándose. Sin embargo, al volver de un entorno rural vemos claramente que, a pesar de ser obra nuestra, carece de medida humana.
En estos primeros días, lo que más me molesta es ese continuo ruido mecánico que nunca cesa, ni siquiera de noche, penetrando insomne oídos y pensamientos. Esa atmósfera pesada, mezcla de tubos de escape, aires acondicionados y fábricas, que hiere la nariz y ensucia el alma. Esa continua alerta, tan inútil como necesaria, para caminar por la calle sin riesgo, incluso al ir a comprar el pan.
Y me pregunto ¿cómo me he dejado engañar?,  ¿a qué espero ...?
Se que me entendéis, porque casi todos vamos metiendo la vida sin darnos cuenta, incluso sin quererlo, por callejones de los que resulta muy complicado salir.
Como cantaba Battiato, se quiere otra vida


Pongo esta versión italiana, que es demasiado rápida, porque las españolas (y las otras italianas también) van cargadas de imágenes insoportablemente relamidas. Pero recomiendo ponerla en español y mirar otra cosa mientras la escucháis.

15 de mayo de 2012

Seriedad


No quieren verlo, ninguno de los instalados en las poltronas del poder. Ni los bipartidistas venidos a menos, con actitud burlesca y descalificaciones fáciles, los más a la derecha; haciéndose los amiguetes comprensivos, los más centrados. Ni los financieros, de múltiple calaña, que desearían enterrarlos, por si acaso.
No quieren verlos pero siguen ahí y seguirán, porque se trata del futuro. Mejor, se trata del tiempo mismo, luego de la vida.
El establishment pretende congelar la marcha temporal, disimulando con grandes aspavientos, para que todo siga igual. Su intento es vano, pretenden momificar la vida y, de conseguirlo, se matarán también a sí mismos.
Frente al
necrófilo poder establecido, el 15M simboliza la ciudadanía viva, el tiempo discurriendo hacia el futuro, la esperanza. En suma, la seriedad.
Porque lo serio no se opone al desenfado y la alegría, al humor, sino a la frivolidad egoísta y a los rancios modos. 
Está en nuestras manos.