15 de abril de 2012

El sueño de la República



Conocer hoy la 2ª República Española no debe ser un ejercicio de nostalgia, una mirada a la historia con añoranza, o con lamentación por lo perdido. Ambas resultan inútiles. Ni el pasado retorna, ni nosotros podemos retornar a él. Tampoco debe ser un simple estudio, aunque es necesario estudiarla.
Conocer la República y sus ideales, plamados también en su constitución, es descubrir su proyecto, lo que de él sigue siendo válido. Es entender cómo, por qué y por quienes quedó truncado, generando el tremendo retraso político y humano de la España de la dictadura, y de la actual. Es, en suma, arrojar luz sobre nuestro presente.
Una de las causas del mal funcionamiento de nuestra democracia está en su falta de referentes, o peor, en el único referente del que nuestros poderes hablan, la Transición. Esos años cargados de mentiras, apaños e intereses, que decidieron el borrón y cuenta nueva de nuestro pasado reciente, dejándonos así sin referencias, huérfanos políticos, navegando en un post-franquismo con adornos democráticos.
Si el hombre no tiene naturaleza sino que tiene historia, como dijo Ortega y Gasset, cortarla es mutilar nuestro presente. Conocerla es conectar con nuestro referente democrático del siglo XX y ver lo que sigue teniendo de válido para la España del siglo XXI.

Como muestra, citemos el artículo 48 de su Constitución: "... La República legislará en el sentido de facilitar a los españoles económicamente necesitados el acceso a todos los grados de enseñanza, a fin de que no se halle condicionado más que por la aptitud y la vocación. ..." Y la creación de 13.570 nuevas escuelas durante los tres primeros años de su marcha, para combatir un analfabetismo próximo al 43% de la población. Comparémoslo con los anuncios de recortes, sobre recortes, educativos del presente.

Por ello conocer el sueño de la República es constatar que nuestro país tenía unos ideales y un proyecto. Una esperanza y, por tanto, el motor que necesita cualquier presente limpio para construir su futuro, el de ciudadanos conscientes de su dignidad.

2 comentarios:

Manuel Marcos dijo...

Acertadísimas palabras. Si olvidamos la historia perdemos el sentido de quienes somos. Qué lejos parece de estos tiempos, ese afán ilustrado que inspiró aquella constitución mancillada por el oscurantismo que lo suplantó. Saludos afectuosos.

David Porcel dijo...

Sí, de nada sirve la democracia sin un proyecto político compartido. Los escándalos, las promesas incumplidas, no hacen más que alimentar el escepticismo ciudadano no solo hacia la clase política sino hacia la política misma, al tiempo que crece ese individualismo universal y ubicuo. saludos.