30 de agosto de 2016

Mito

El mito es una narración fantástica de origen popular, protagonizada por seres divinos, que ofrece explicaciones arbitrarias, rígidas e incuestionables, sobre asuntos diversos que preocupan al ser humano.
Resulta equivalente, según la época histórica, a la magia, la religión, la leyenda, la construcción legitimadora del poder y la manipulación mediática.
Colección de lugares comunes, tan ambiguos y contradictorios como alejados de la realidad, que se atribuyen al mito. En aguas tan turbias no hay modo de saber si el mito se opone, se identifica o pertenece a un ámbito sin tangencia alguna con el logos.
Desbrocemos mínimamente el terreno.
No pretendo ocuparme de los usos coloquiales del término: 1.- Figura mediática de gran atractivo y difusión. De diferentes ámbitos como el cine, el deporte o la música. Gilda y Marilyn representarían mitos eróticos, Maradona y Cristiano Ronaldo, mitos deportivos. 2.- Convicción extendida pero carente de fundamento real, y, en general, cualquier prejuicio popular injustificado. Así, el instinto maternal o la autorregulación benigna del mercado son mitos. 3.- Situación o estado deseable para la mayoría de la sociedad, pero inalcanzable. Equivale a sueño imposible, veleidad: el mito de la justicia o del amor desinteresado. 4.- Personajes y sucesos indemostrables, o ciertas acciones y sus efectos. La autoestopista fantasma, la congelación de Walt Disney, gran parte de las supersticiones o las “leyendas urbanas”, obedecen este sentido.
Pretendo situarme en el sentido técnico de la antropología, la historiografía del hecho religioso y los estudios culturales. Contexto en cual he hallado un autor que, con claridad y rigor, ha abordado este fenómeno desde un pensamiento en español, Luis Cencillo.

En una primera aproximación, el mito es una construcción cognoscitiva y expresiva de un grupo humano. Jamas construcción individual, como serían las realizadas por poetas o miembros del grupo de poder (que primero han de existir como tales); siempre producto colectivo espontáneo, improvisado, podemos decir. Tal construcción, cristalizada en relato, supone una serie de causas metahumanas de naturaleza psíquica, ocultas tras las apariencias incomprensibles o paradójicas de su medio. Es decir, que dicho grupo humano siente extrañeza e incomprensión ante situaciones a las que se encuentra sometido, al principio por un medio predominantemente natural, junto al cual habría ido creciendo en cotidianidad, y por tanto en importancia, un medio social. Respuesta a nuevas necesidades que van más allá de la mera supervivencia animal e implican la existencia de una capacidad simbólica en el humano.

4 comentarios:

David Porcel Dieste dijo...

Y al hilo de lo que planteas, como tanto insiste Mircea Eliade, el mito, en tanto que descubre los miedos y deseos más profundos del ser humano, nos sirve de llave para adquirir una comprensión mayor de nosotros mismos. El mito sería algo así como una máquina del tiempo pero que, en lugar de situarnos en un pasado remoto, nos pone ante un presente que somos y creíamos haber olvidado. El mito, como la ciencia o la filosofía, no es sino otra forma de confrontar con lo real, siempre acechante, siempre presente. Gracias por la entrada. David

M. A. Velasco León dijo...

Me gusta mucho la imagen de la máquina del tiempo que nos conduce, precisamente,a nuestro tiempo. El mito sigue presente de diversos modos, muchos de ellos devaluados, también en occidente. Además de miedos y deseos, es respuesta a necesidades nacidas de nuestra misma capacidad de simbolizar y con ella, de construir cualquier logos.
Gracias y saludos.

José Antonio García Fernández dijo...

Me gusta mucho la entrada, Miguel Ángel. Planteas cosas muy interesantes y la entrada está muy documentada y es clara. A mí me interesa lo que dices de la oposición entre mitos, como saber poético o irracional, y el logos, como saber racional o filosófico-científico.

En nuestros días, hay un ejemplo clarísimo de uso del mito de manera legitimadora: las mitologías nacionalistas, la mística del "nacimiento de la nación", valga la redundancia. Se apela, primero, a lo irracional, a las pulsiones instintivas, tribales, de agresiones externas; y se pretende, después, construir identidades sólidas, racionales, sobre unas bases... al menos, cuestionables desde sus orígenes.

Ahí lo dejo. Da para debate, ¿no?

Un saludo.

M. A. Velasco León dijo...

Hola José Antonio. Gracias por tus comentarios.
Tras los nacionalismos veo dos mitologemas básicos: el primero es paleolítico, el de la pertenencia al clan, al grupo, lo que nos hace ser lo que somos y otorga una identidad, que además era vital, en sentido literal, en esa época. Y el segundo, más moderno, neolítico, ya de culturas agrarias, la vinculación con un territorio concreto, nuestra sagrada tierra, la que nos ha sido otorgada por el cielo y que, por tanto, es nuestra y de nadie más.
Por eso posee tanta fuerza, porque escapa a la razón. Así seguimos y seguiremos.
Saludos