5 de octubre de 2014

Pasear y pasar


Cuando era joven y regresaba a mi pueblo, por la hoy carretera vieja, al comenzar las cerradas curvas que descienden hasta el valle, aparecía recortada contra el azul la silueta del Isasa conteniendo al castillo. Justo entonces, me agitaba por dentro, desde el fondo, y lo siguo haciendo, aunque con menor intensidad.
Cada vez con más frecuencia los paseos me descubren paisajes de mi infancia maltratados o borrados por un afán estúpido de novedad y por insensatez municipal entregada a obras electoralistas y proyectos pequeñofaraónicos; megalomanía de nuevo rico y tapado beneficio para oscuros intereses. Una bestia invisible muerde entonces mis entrañas a traición y parece llevarse en sus fauces una pequeña parte de mi; carne desnuda, sin piel siquiera, de los pasillos del alma. El encuentro ameno que nos hace habitable el espacio, se torna erial de tránsito, enlace vacío entre dos puntos, y el paseo se convierte en paso.
No es nostalgia del ayer, aunque su asuencia la despierte. La vida es cambio, pero el cambio requiere permanencia, y no tomamos conciencia del papel jugado por nuestros lugares en la construcción de lo que somos, hasta que alguien -humano, tiempo o destino- los arranca de improviso. Lugares tan poblados de personas como de objetos, de sonidos, aromas y sabores, necesarios para mantener nuestra identidad a lo largo del continuo paseo que es la vida. Su ausencia repentina parece convertir este paseo en un simple paso entre nacimiento y muerte, recorrido por un extraño.

7 comentarios:

David Porcel dijo...

Hermosa reflexión. David

M. A. Velasco León dijo...

Espacios constituyentes de nuestra ser, espacios poblados. En cambio los despoblados son meros lugares de paso.
Gracias David y
salud

Wittgenstein dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Enrique Calderón dijo...

Una prosa que deleita es la tuya Miguel Ángel. Cada vez estoy más convencido de que se pasea como se vive y se vive como se pasea. Pues si en el pasear hay mística, mística es la vida o, si en la vida hay pasión, se pasea apasionadamente. Celebro tu maestría en el pasear.

M. A. Velasco León dijo...

Muchas gracias Enrique y ... sigamos el paseo.

Manuel Marcos dijo...

Miguel Ángel, qué importante reparar en el paisaje, el interior también. y lo haces aquí con una prosa espléndida, con matices poéticos, que dejan un gran sabor de boca.

Un abrazo.

M. A. Velasco León dijo...

Estas palabras salidas de la boca de un maestro me animan y reconfortan.
Gracias Manuel.