15 de septiembre de 2014

Tiempo de verano

Es tiempo, aún, es tiempo de verano. No porque lo diga el calendario, ni los astrónomos, sino el sol y las tardes dilatadas con un transcurrir estático, las noches pesadas y los mosquitos acechantes.

El medio que nos envuelve, que forma parte nuestra como nosotros parte suya, es quien determina nuestro transcurrir, incluso el temporal. Se ha insistido sobrada y acertadamente en nuestra dimensión temporal, desde el genial Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia 1889 y Materia y memoria 1896, el tiempo se liberó del dominio de la ciencia física y la espacialización a que estaba sometido, para formar parte de lo que somos. Bergson nos plantea la durée como una dimensión constituyente del humano. No son pocos los pensadores y los literatos que han cruzado esta puerta a lo largo del pasado siglo.

Sin embargo, la dimensión espacial ha permanecido olvidada por la mayor parte de los pensadores. Hora es ya de ocuparnos de ella y en el pensamiento en español (o en riojano, si se prefiere -aunque los castellanos se quejen-) encontramos puertas entreabiertas desde hace bastante tiempo. Así, J.L. Molinuevo lleva tiempo apuntando en esta dimensión y un clásico como es Ortega ya en 1914 nos decía:

« Mi salida natural hacia el universo se abre por los puertos del Guadarrama o el campo de Ontígola. Este sector de realidad circunstante forma la otra mitad de mi persona: sólo al través de él puedo integrarme y ser plenamente yo mismo. […] la ciencia biológica más reciente estudia el organismo vivo como una unidad compuesta del cuerpo y su medio particular: de modo que el proceso vital no consiste sólo en una adaptación del cuerpo a su medio, sino también en la adaptación del medio a su cuerpo. Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.» 
                                              Ortega y Gasset: Meditaciones del Quijote

No sólo es tiempo, sino espacio de verano.

4 comentarios:

José Antonio García Fernández dijo...

Hola, M. Ángel, con el curso vuelvo a mi hábito de ir leyendo tu blog. Ya que hablas del tiempo, a mí me ha producido mucho efecto escuchar a Janis Joplin, una de las heroínas de nuestra juventud. Y es que cuando te haces mayor, hay un no sé qué de nostalgia en el recuerdo de tiempos pasados.
Un saludo

M. A. Velasco León dijo...

Nostalgia reflejada por Proust, uno de los incluidos en la estela de Bergson. La versión del tema que hace Janis, aparte de la nostalgia, es muy buena.
Salud

David Porcel dijo...

Muy buena tu conclusión: "no sólo es tiempo, sino espacio de verano", y es que el yo (como pretendió el idealismo) no puede tragarse el mundo ni el mundo (como pretendió el realismo) tragarse el yo... Ortega nos invita a pensar que no hay dentros ni fueras, sino coexistencia, en mutua compañía, del yo con sus cosas. Nos alegramos que retomes blog, siempre tan sugerente. Saludos

M. A. Velasco León dijo...

¡Hola David! Tengo en mente varias entradas con estas espaciales cuestiones. Muchas gracias y
salud