20 de mayo de 2012

Amor virtual


¿Quién no ha tenido (al menos los nacidos antes de los 90), una novia a la que escribía y por cuyas respuestas suspiraba?
Si los amores epistolares fueron propios de nuestra adolescencia, ahora que los carteros no acarrean sino multas de tráfico y algún que otro paquete, los amores se han hecho digitales y habitan en la red. Amores de tuenti, de facebook y de messenger, carecen del entrañable sabor a goma de los sellos de correos, del dulzor pesado de los sobres y del aroma de las cartas perfumadas. Han cambiado la jerarquía de los sentidos, la vista es ahora el dominante. Y han ganado, desde luego, en rapidez.
Las formas del amor evolucionan, aunque sólo hasta cierto punto. La asepsia afectiva domina por completo la virtualidad postal, tanto como la digital. Platónicos pasatiempos fetichistas, entretenimiento para cobardes emocionales.
El verdadero amor no sólo es sincrónico, también es sintópico. Presencia inmediata que atraviesa los cinco sentidos a un tiempo, y compromete nuestra vida; vecindad exigente sin botón de pausa. Lo cual suele desconcertar.
¡Por los amores virtuales y su necesario entierro! Salud.

5 comentarios:

Manuel Marcos dijo...

Volveremos al papel, al sobre, al sello, como dicen estos chicos, y la tinta será savia renovada en la que escribir sobre amores reales. Al fin y al cabo, las raíces de este árbol que es la vida siguen nutriéndose de la tierra: tópica madre, piel desnuda del mundo. Me voy esta noche, Miguel Ángel, con la palabra sintópico jugando como un ratón en mi bolsillo.

Un abrazo.

David Porcel dijo...

Sí, en efecto, el lenguaje epistolar se está perdiendo, y con él la posibilidad de profundizar en nosotros mismos. Saludos. Recomendable: http://joseluismolinuevo.blogspot.com.es/2012/05/hen-kai-pan-posmoderno-too-eta-pero-que.html

M. A. Velasco León dijo...

Gracias, Manuel, por acoger mi palabra. Por cierto, tratando de amor, siempre es bueno llevarse alguna palabra a la cama.

No tengo la menor duda, David, de que nuestra profundidad sólo se mide a través de los próximos.

Abrazos a los dos.

Manuel Marcos dijo...

Siguiendo tu recomendación he subido una canción de Weill y Brecht muy cabaretera que le da un punto al poema, de farándula. Gracias Miguel Ángel, a veces tiendo a lo mío sin darme cuenta, la pieza de Hindemith es preciosa pero un poco moña, tenías razón. Estos alemanes acabaran con nosotros una buena tarde.

Saludos cordiales.

clara dijo...
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