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17 de noviembre de 2018

Liturgias


En la católica España de la dictadura y la transición, lo recuerdo bien, había que oír misa todos los domingos y fiestas de guardar. Una obligación con mayores consecuencias que la mera asistencia a la iglesia durante unos tres cuartos de hora, dependiendo del cura la oficiase, porque impedía alejarse de sitios habitados y con la debida asistencia espiritual.
Cuarenta años después las misas son escasamente frecuentadas, pero hallamos nuevas liturgias que encadenan los domingos, como los torneos escolares de fútbol, a los cuales deben acudir religiosamente los padres acompañando a sus niños.
Ambas son práctica matinal que requiere de la asistencia al lugar de culto, ahora el patio de un colegio o el campo del barrio, como antes lo eran las parroquias.
Si muchos partidos se celebran en sábado, recuerdo que la católica España daba la oportunidad de asistir a misas convalidables con las dominicales la tarde de los sábados.
Había que arreglarse, por supuesto, y no se podía acudir de cualquier manera puesto que la misa servía también de escaparate social. Tampoco al campo se puede ir desaliñado, pues hay que quedar bien con los padres de nuestro equipo y dar envidia a los del rival.
Las misas eran lugar de encuentro y chismorreo, como ahora lo son los partidos de los niños, y era frecuente tomar luego un vermut, en los bares de costumbre, para matar el hambre que la comunión acarreaba y completar la celebración dominical, como también sucede ahora tras el esfuerzo de animar al equipo de nuestros hijos y criticar a los del contrario.
¡Cuantas parejas no se forjaron a través de furtivas miradas mientras se respondía a las palabras del cura! Y cuantas no nacen ahora, especialmente entre los padres separados, mientras brota el deseo al grito de ¡penalti!
Modos de religiosidad tan próximos en sus prácticas que hay quienes, ¡insaciables!, no quieren renunciar a ninguno, y tras el partido acuden a la misa para acabar luego comiendo en casa de los suegros. De un templo a otro en continua celebración de la liturgia dominical.

7 de octubre de 2018

Españas (y 3)

Hay otra España donde el altruismo y el empleo de la razón permiten ver lo público y entender que ha de cuidarse con mayor esmero que lo mío, porque su perjuicio es el de cientos, miles, millones y no solamente el propio. Capaz de mirar más allá de la ramplonería de mi clan y sus reducidos horizontes, elevándose sobre la ceguera mezquina del nepotismo y la cofradía, para aspirar a la mejora de quien tiene enfrente, de su vecino, y hasta de quien ni siquiera conoce pero sabe que es persona. Una España que emplea su razón de manera crítica para alumbrar la realidad que nos rodea y ser capaz de responder a sus demandas, en vez de emplearla como mero instrumento del egoísmo.
He visto gentes implicadas en asociaciones de vecinos, culturales, de ocio, deportivas... Todas ellas hijas del trabajo constante y desinteresado de unos ciudadanos que han luchado por ofrecer alternativas de mejora a su entorno, conscientes de la necesidad social de su labor y de que si no eran ellos, nadie iba a realizarla. Y este ha sido su principal premio, la satisfacción de haber creado comunidad.
Quienes se dedican a los demás mediante bancos de tiempo, sabedores de los vacíos y abandonos generados por la sociedad presente y de las consecuencias destructivas que presentan para la misma sociedad. Tiempo balsámico para regenerar las heridas de un tejido social deteriorado por el egoísmo organizado y potenciado desde el poder.
Quienes están dispuestos a poner en peligro su empleo y su tranquilidad por negarse a colaborar con leyes y prácticas injustas, como los bomberos que no quieren participar en desahucios abusivos, los manifestantes pacíficos y sinceros, que llaman a las injusticias por su nombre, o los objetores fiscales ante ciertos impuestos.
Quienes se comprometen con el barro de la política activa, aun suponiendo que su pago va a ser la calumnia, la difamación y los apaños “legales” para hundirlos. Estos hombres demuestran que la gestión de lo público puede realizarse según los dictados de la razón, la cual va más allá del nepotismo, el egoísmo económico y el narcisismo del poder.
Si dejamos vencer al egoísmo, tendremos una España que será, según la época y sus condicionantes, conservadora o nacionalista -del centro o de la periferia- o de derechas. Si dejamos vencer al altruismo, tendremos una España, progresista o internacionalista o de izquierdas. La primera, siempre individualista, tribal, irracional y contradictoria; la segunda, constructora de lo común, supranacionalista, racional y coherente. Estoy hablando de los extremos ideales, entre los cuales siempre transitan las concreciones de lo real y sus grados.
Ser español depende de la pura casualidad de haber nacido en un lugar y época concretos, lo cual ningún mérito aporta a nadie, pero ser de una de las dos Españas es bien diferente, y depende de la responsabilidad de cada uno, por condicionada que esté.

2 de octubre de 2018

Españas (2)

Esta explicación va más allá de lo español, me diréis, sirviendo para cualquier ser humano, y no puedo sino daros la razón. Aunque todo problema humano es singular, entre ellos pueden verse claros paralelismos y similitudes, los cuales pasamos por alto justamente porque el de España es el nuestro, es nuestro problema concreto. No se si podrá resolverse, pero sí que su comprensión pasa por esta cura de humildad, la cual exige verlo como una consecuencia de las características de nuestra especie, y en concreto de las que fue generando la andadura del humano occidental.
Del predominio de afectos ancestrales, que anteponen a todo la supervivencia propia, nace el egoísmo, el sadismo, la agresividad hacia el ajeno, e incluso hacia el propio cuando la circunstancia me plantea la alternativa. Mas junto a estos afectos hay otros igual de ancestrales que nos empujan hacia los demás, y son la fuente del altruismo, el amor y el cuidado hacia el próximo, llegando también a extenderse hasta el ajeno. En el camino hacia este último, es decir, la extensión de la fraternidad hasta dar lugar a los derechos humanos, han jugado un papel decisivo tanto la aparición de la racionalidad nacida en Grecia, como el ecumenismo de la religión judeocristiana.
Los afectos egoístas dan lugar a una tendencia a la supervivencia en el sentido más directo e inmediato, incapaz de ver más allá aun a costa del “pan para hoy y hambre para mañana.” Concretados por el desarrollo singular de nuestra sociedad, han dado lugar a esa falta de comprensión de lo común, es decir, lo de todos, tan frecuente entre nosotros y que sería la característica principal de una de las Españas.
Una España no entiende cómo lo público, es decir, algo “de nadie”, debe ser considerado y tratado como lo que es mío, pues lo estima tierra baldía que tan sólo sirve para ser esquilmada de un modo u otro. De ahí nace la apropiación del espacio público, que va desde colgar mis lazos, del color que sean, exhibir mis símbolos, poner mí música a todo volumen, tirar mi basura o los excrementos de mi perro, hasta adueñarme de parte de ese espacio convirtiéndolo “legalmente” en mi propiedad. Entre los dos extremos podéis tropezar con una multitud de modos que siempre tienen en común la concepción de lo público como un maná milagroso a mi servicio.
El mi puede abrirse, incluyendo primero a los míos, es decir, los que son sangre de mi sangre, la familia, y segundo a los nuestros, los de mi clan o tribu -la pestilente plaga de los cotarros y cofradías, la llamaba Unamuno a finales del XIX-. Esta España proyecta su miopía para lo común sobre el resto de los humanos, según el viejo refrán “cree el ladrón que son todos de su misma condición”. Para ella no aprovecharse de lo público es una conducta de tontos ingenuos.
Los grupos enfrentados políticamente cierran filas ante quienes son de fuera de mi pueblo, o de mi nación y los convierten en chivos expiatorios para salvar a los nuestros, y así regresar a su enfrentamiento una vez las aguas vuelven a su cauce. Ante los de mi sangre cae por tierra toda racionalidad, toda lógica y no queda en pie sino un sentimiento primitivo, entre la posesión y la defensa, ciego ante cualquier evidencia que muestre los errores o injusticias realizados por ellos. La ideología política se cambia cuando mi familia emparenta con otra más poderosa y los enfrentamientos enquistados desde hace siglos entre pueblos vecinos, o entre familias, siguen hoy llegando a las manos o a las armas.

24 de septiembre de 2018

Españas (1)

No ha sido la pesadilla mediática de unos nacionalismos, tan burdos como interesados, quien me ha enfrentado a la vieja cuestión de las dos Españas. En verano aprovecho para desconectar de las noticias, pero en esta ocasión el suceso se ha colado en mi pueblo adoptado. No, no pretende la independencia, lo cual tendría su aquel y bastante gracia, sino que ha sido escenario de un escándalo, un caso de corrupción a pequeña escala, con su pequeña repercusión en la prensa, pero de magnitud envolvente para sus vecinos y quienes lo frecuentamos. Los hechos, aún calientes y pendientes de aclaración judicial, me han sumergido en el problema de nuestra España. Reflejado en este pequeño espejo he visto a quienes prefieren no enterarse, a quienes enterados recurren al consabido y falaz “todos son iguales”, a quienes han cerrado filas en torno a los responsables políticos y a quienes embisten contra ellos desde las filas opuestas. Todos ellos envueltos por una atmósfera extraña, cargada de intranquilidad y resquemor.
He rastreado la escisión de lo español durante todo el siglo veinte, retrocediendo hasta las guerras Carlistas y más allá, hasta las entrañas de la guerra de la independencia, pero nuestra historia contemporánea más parece mostrarme que aclararme el problema de las Españas. Sospecho que hay algo más allá del modo de entender la nación, lo mismo da la catalana, la española, o la cartagenera, más allá de la pugna entre ideologías y colores políticos, y de la oposición entre conservadores y progresistas.
El enfrentamiento ideológico centro-periferia me parece un modelo de corto alcance explicativo, porque las Españas no son efecto del choque entre dos concepciones de lo nacional, la centralista y la independentista -típica de nuestras periferias costeras-, sino su causa. Además, si cualquier nacionalismo necesita tener otro enfrente que se le oponga y sea el enemigo al cual enfrentarse, los periféricos son tan hijos del centralista como éste de aquellos.
Otro tanto sucede con la oposición política derechas-izquierdas. Este siglo veintiuno muestra a las claras que su línea de separación no va más allá de las siglas de los partidos, lo cual no es mucho, y menos aún si recordamos el cíclico empeño de los mayoritarios en abanderar el centro. Para colmo, la militancia en uno u otro de los colores políticos, y esto parece suceder desde su mismo nacimiento, no sólo está condicionada por la posición socioeconómica, sino por lazos familiares, clientelares y meramente casuales. Sin embargo, suele pasarse por alto aunque explica en buena parte los tránsitos de unas filas a las de enfrente. Pensemos en cierto periodista español que desde Bandera Roja transitó con facilidad hasta la ultraderecha, o en el gran baile de nuestros políticos en las décadas de los setenta y los ochenta.
La pugna conservador-progresista enseguida revela su contradicción, porque el progresismo choca con la prioridad de conservar lo mío y el conservadurismo continuamente trata de progresar, siempre que sea en aumento de su ventaja. No perdamos de vista que esta lucha es reflejo de los ideales del Antiguo Régimen, por una parte, y de la euforia desatada por el positivismo científico y sociológico, por otra.
Los tres análisis se mueven en el terreno de -así lo llamo- lo político constituido. Su explicación parte de la existencia de una sociedad histórica, moderna o contemporánea, y muy institucionalizada. No puedo rastrear pugna entre progresistas y conservadores en El Argar ni en Los Millares, como no encuentro nacionalidades en el Medievo, ni derechas e izquierdas en la corte de los Austrias. En consecuencia, he de dar un paso más, hacia lo que llamo político constituyente. Me sitúo en sociedades prehistóricas y más allá, en constantes del proceder humano que muestran unas raíces hundidas hasta la dicotomía entre lo racional y lo afectivo. Profundas entrañas de nuestras gentes, las cuales podrían rastrearse a través de mitos y rituales.
¿Es posible conciliar una racionalidad coherente y unas pasiones atávicas?. ¿O acaso el triunfo de una u otra dibuja el mapa de las dos Españas?

14 de abril de 2018

... facilitar a los españoles...


La Constitución Española de 1931, la de nuestra Segunda República, sigue siendo más avanzada que la presente. Y con avanzada quiero decir preocupada por todos los ciudadanos de nuestro país, inclusiva, buscadora de la justicia, más racional y con un proyecto de futuro. Como muestra, tomo el Artículo 48:
El servicio de la cultura es atribución esencial del Estado, y lo prestará mediante instituciones educativas enlazadas por el sistema de la escuela unificada.
La enseñanza primaria será gratuita y obligatoria.
Los maestros, profesores y catedráticos de la enseñanza oficial son funcionarios públicos. La libertad de cátedra queda reconocida y garantizada.
La República legislará en el sentido de facilitar a los españoles económicamente necesitados el acceso a todos los grados de enseñanza, a fin de que no se halle condicionado más que por la aptitud y la vocación.
La enseñanza será laica, hará del trabajo el eje de su actividad metodológica y se inspirará en ideales de solidaridad humana.
Se reconoce a las Iglesias el derecho, sujeto a inspección del Estado, de enseñar sus respectivas doctrinas en sus propios establecimientos.
Artículo que -seguiré diciéndolo una y mil veces- no fue papel mojado, sino que se llevó a la práctica. Y se hizo en un contexto de crisis económica indudablemente más grave que la presente. Los políticos de la Segunda República española entendieron que preocuparse por sus ciudadanos, que facilitar su vida y su futuro, exigía invertir dinero en educación, en vez de recortar en ella.

Entre 1931 y 1933 se crean 2.036 secciones o clases de enseñanza primaria. Pero, más importante aún, se dignificó la carrera docente creando unos estudios universitarios específicos, las Escuelas Normales, a las que nadie podía acceder sin haber cursado bachillerato. Además, en buena parte de las escuelas de primaria había una cantina y un ropero, porque los niños necesitaban comer y vestir sin harapos. Nuestro país pasó de escolarizar al 58,8% de su población en edad correspondiente a escolarizar al 65,6% en los dos años que van de 1931 a 1933, y logró aumentar la escolarización de las niñas en 14 puntos porcentuales.
En la enseñanza secundaria se pasó de 21 Institutos Elementales de Segunda Enseñanza con 177 profesores, en el año 1931, a 56 centros con 701 profesores, en 1934. Asímismo se pasó de 80 Institutos Nacionales de Segunda Enseñanza con 1.721 profesores, a 111 institutos con 2.739 profesores en el año 1934. El aumento de profesores es muy superior al de centros, lo cual quiere decir que se desmasificaron las aulas de secundaria.
Son dignos de recuerdo los ministros de Instrucción Pública, de los primeros gobiernos de Manuel Azaña: Marcelino Domingo Sanjuán y Fernando de los Ríos Urruti. Pero también el gobierno entero, que prefirió gastar en educación a pesar de la penuria económica que sufría nuestro país. Aquellos hombres fueron gobernantes, fueron políticos y fueron personas, lo cual es difícilmente predicable de quienes han ocupado y de quienes ocupan cargos equivalentes en nuestro presente. Ello es más que suficiente tanto para seguir recordando, agradeciendo y dando a conocer lo que nuestro país pudo ser, como para denunciar a quiénes lo impidieron y a sus herederos.

25 de septiembre de 2017

Pueblos y afectos

J. Álvarez Junco, historiador, señala que la democracia -se refiere a la de los actuales Estados de Derecho- da por sentada una cuestión previa decisiva, la definición del demos, del pueblo que la compone. Lejos de ser racionales, los motivos en los que ese demos se fundamenta son los lazos afectivos, los sentimientos. Razón no le falta, porque es la historia y sus extraños avatares la que ha generado los presentes pueblos, las actuales naciones -si lo preferimos-.
Tradición que nos hace sentir como propios, amables y entrañables, unos modos de vida que no han de ser los mejores, ni siquiera racionales, ni razonables en muchas ocasiones, pero el hombre, como decía Ortega, tiene historia, no naturaleza, y menos naturaleza racional -añadamos-
Es el lazo emocional surgido de la tradición el fundamento de nuestras identidades grupales, incluso en mayor medida que la lengua, porque esta puede ser compartida por tradiciones diferentes y aun enfrentadas y porque se convierte en nuestra madre por un uso nacido, justamente, de la tradición.
Todos los nacionalismos sin excepción, nacen del sentimiento, no de la razón, y esto es inevitable; premisa con la cual hemos de practicar el juego político y democrático.
El sentimiento de lo español, es decir nuestra identidad grupal, desde finales del siglo XIX, al menos, es la historia de una familia con dos ramas enfrentadas. La terrible dictadura franquista agudizó estos sentimientos divergentes respecto a lo español y propició, por rebote, los sentimientos de identificación con otras identidades nacionales alternativas. Nuestra modélica transición en vez de buscar una nueva identidad como pueblo, echó más leña al fuego del enfrentamiento y hemos seguido en esta línea política los últimos cuarenta años. ¿Quién puede identificar como parte de su mismo pueblo a los herederos directos de los rectores de la dictadura? ¿Quién puede asumir como propios unos símbolos que monopolizó durante cuarenta años? Este camino ha conducido a una identidad del pueblo español necesariamente débil.
No contenta con ello, la modélica transición procedió a realizar una irracional estructuración de nuestro estado en un sistema autonómico tan desigual como desigualador: Navarra y País Vasco, con sus fueros y las ventajosas posibilidades que otorgan, componen las regiones de categoría extra. Cataluña y Galicia a las que desde el principio se les reconoció su nacionalidad y Andalucía, enseguida sumada a ellas, componen la categoría primera. El resto son de segunda, excepto Canarias, Ceuta y Melilla que escapan a esta clasificación. ¡Demasiados años ha resistido la situación sin explotar por algún sitio! (No tengo en cuenta las vías violentas, ya que estaban condenadas al fracaso en un contexto democrático).
Necesitamos inteligencia emocional para gestionar unos afectos presentes y operantes. Ignorarlos o recurrir a mecanismos de defensa, como la racionalización, tan sólo conducen a situaciones como la presente. Y hemos de ejercerla desde abajo, desde el pueblo, base de la convivencia organizada. Mientras no enfrentemos las emociones colectivas para construir, apoyándonos en lo común, seguiremos a merced de unos políticos que las encaran con la torpeza y miopía característica del mentiroso, que busca su provecho inmediato.

28 de abril de 2017

Biografía y Destino

Decía Felipe Camino Galicia de la Rosa, conocido como León Felipe, que “los grandes poetas no tienen biografía, tienen destino” No es casual que el comienzo de Ganarás la luz se abra con el poema titulado biografía, poesía y destino:

El poeta cuenta la vida primero a los hombres;
después, cuando los hombres duermen, a los pájaros;
más tarde, cuando los pájaros se van, se la cuenta a los árboles...
luego pasa el Viento y un murmullo de frondas.
Todo lo cual se puede traducir también de esta manera:
lo que cuento a los hombres está lleno de orgullo;
lo que cuento a los pájaros de música;
lo que cuento a los árboles de llanto.
Y todo es una canción compuesta para el Viento,
de la cual, después, este desmemoriado y único espectador
apenas podrá recordar unas palabras.
Pero estas palabras que recuerde son las que no olvidan nunca las piedras.
Lo que cuenta el poeta a las piedras está lleno de eternidad.
Y ésta es la canción del Destino, que tampoco olvidan las estrellas.

Tampoco debe ser casual que nadie en la escuela, ni en el bachillerato, nos lo mencionara, siquiera de pasada. Su destino resultaba demasiado humano, demasiado alejado de cuadrículas ideológicas, demasiado libre, tanto para la dictadura como para los políticos de nuestra modélica transición. He comprobado que hoy su presencia en temarios educativos y libros de texto, resulta tan escasa como inexacta, reduciéndolo a la categoría de autor segundón de la Generación del 27, lo cual me parece, desde cualquier ángulo, insostenible. Dos poemas cantados, Vencidos, por Serrat, y Como tu, por Paco Ibañez, me lo dieron a conocer y animaron a leerlo. Mérito no le falta para ocupar el puesto que le corresponde entre los grandes poetas del siglo veinte. Aunque tal vez sea otro su destino, tan lleno de amargura, que no logra doblegar su voz y, precisamente por ello, le impide callar, cerca de cincuenta años tras su muerte. Leedlo, y juzgad vosotros mismos.

14 de abril de 2016

Necesitados


A pesar de que los vigilantes de la “modélica transición”, apoyados en unos medios de comunicación sumisos, nos han vendido una monarquía salvadora de la democracia y factor de unidad para los españoles, la fractura con la ciudadanía ha crecido.
Hoy, como hace ochenta y cinco años, seguimos necesitados de esperanza, ¡motor humano!, de proyecto futuro.
Y en nuestras españas, esta no es posible sobre la podredumbre de una dinastía restaurada por un dictador.

29 de abril de 2015

Foucault en el Guadalquivir


El brillo de una pulida calva atrajo mi mirada, gafas rectangulares, cuello alto, maqueado como de costumbre, estaba tomando un vino de naranja en el ambigú. Pedí lo mismo y me acerqué con intención de entablar conversación, ¡no podía dejar pasar la ocasión!
Hablamos del poder, no podía ser de otro modo, de su tentacular polimorfismo y de lo bien plasmado que estaba en la película. Ese oscuro tejido cubierto del polvo gris de cuarenta años de dictadura. Es cierto que la precedía largamente, pero también que su aspecto resultaba más mugriento tras ella. así en las relaciones hiladas a las orillas del Guadalquivir, tan castigadas por el rostro más identificable del poder, el de la fuerza bruta que sustentó la nueva autoridad, mercenaria y fascista, venida desde África.
-¡Un par de vinos más! por favor.
Y del poder pequeño, instalado en lo cotidiano: del miedo de las mujeres a sus propios maridos, que las lleva a mantener en secreto la declaración a los policías, pues sospechan de quienes comparten casa y cama con ellas.
 
Animados por otros dos vinos más hablamos del pueblo, sus tierras, ¡tan hermosas desde el aire! y de los oscuros vínculos tejidos en ellas por los señoritos de siempre; de nuevos señoritos que compran las cosechas producidas por el sudor ajeno a un precio abusivo, seguros de que será aceptado como último asidero para seguir malviviendo por quienes les odian y reverencian a la vez.
También de esos nuevos dominadores, que nacen a su sombra, como esas plantas que se aprovechan del manto preparado por los árboles; vampiros de la necesidad ajena, hija de la falta de horizontes y del deseo de escapar hacia una nueva vida. Explotadores sexuales de jóvenes ingenuas, que son el desencadenante de la trama de la película.
De quienes tratan de salir del juego mercando con drogas y construyen un nuevo círculo que, inevitablemente, forma intersecciones con los otros juegos de poder: guardia civil, policía, señoritos, intermediarios y proxenetas chantajistas.
Terciopelo Azul y sobre todo Twin Peaks desfilaron ante las pupilas de nuestra memoria. 
¡Que grande Lynch! exclamamos, y pedimos otras dos copitas de vino de naranja.
Discutimos sobre si el pájaro y el caballo eran más lynchianos o europeos, tirando a Buñuel; si el peinado del policía reciclado de la político-social era demasiado tópico o si lo perdonábamos por lo bien que le sentaba.


Alzamos las espadas porque la persecución nocturna por los canales entre el chrysler del policía y el dyane 6 del asesino para mí fue una pequeña maravilla, mas para él nada tenía que hacer ante las persecuciones de coches que rueda Hollywood. Así que pedimos otros dos y brindamos por las fidelidades y traiciones de la pareja de policías. Uno mujeriego, mentiroso, facha engominado y heredero del hacer de la dictadura. El otro, ejemplo de los nuevos modos, ha pactado con la prensa amarilla y se ha mostrado brutal al tratar con sospechosos. Los dos llevan un bigote muy parecido.
Otro vino más y la isla comenzó a transformarse en barco mínimo.

10 de noviembre de 2014

... como se ceba un ganso


En la clase del señor Germain, por lo menos, la escuela alimentaba en ellos un hambre más esencial todavía para el niño que para el hombre, que es el hambre de descubrir. En otras clases les enseñaban sin duda muchas cosas, pero un poco como se ceba a un ganso. Les presentaban un alimento ya preparado rogándoles que tuvieran a bien tragarlo. En la clase del señor Germain, sentían por primera vez que existían y que eran objeto de la más alta consideración: se los juzgaba dignos de descubrir el mundo.    Camus: El primer hombre

Las últimas reformas educativas de nuestras Españas (exceptuando las del primer tercio del pasado siglo) han estado orientadas por oscuros intereses o necias sinrazones políticas.
Lejos de la más alta consideración, nuestros alumnos son concebidos como masa necesaria para el beneficio de quien manda. 
En lugar de pretender que descubran el mundo, nuestras leyes parecen perseguir ocultarlo, perpetuando los prisioneros entre las sombras de la caverna. 
En vez de sentirse existentes, nuestra escuela los convierte en aspirantes a carceleros, cómplices de un banquete ajeno y felices con sus so(m)bras.
Sin el respeto y el reconocimiento de la dignidad de todos los miembros de nuestra sociedad, nuestros sistemas educativos son perenne adoctrinamiento y la escuela una productiva factoría de gansos bien cebados.

14 de junio de 2014

Símbolo inequívoco



Desde que el rey de las Españas abdicó la corona, el debate sobre monarquía o república vuelve a estar al rojo. A pesar de toda la propaganda monárquica de los medios de comunicación y partidos continuistas. Las críticas contra los defensores de la república, e incluso contra quienes piden una consulta popular al respecto, revelan con claridad oscuras intenciones. Especialmente las que provienen de partidos y personas que se llaman de izquierda. (¡Por cierto! el PSOE tenía aquí una ocasión llovida del cielo para recuperar votos por ese lado, pero parece más que cegado por pactos previos. Será que a sus instalados mandatarios no les da frio ni calor el suicidio que este partido está llevando a cabo). Estas críticas se pueden condensar en la siguiente: cambiar monarquía por república es algo folclórico que entusiasma al personal pero deja todo como está respecto a la corrupción, el descrédito de los políticos, el funcionamiento económico …
¡Y es cierto! pero propongo verlo desde otro ángulo:
prolongar nuestro sistema monárquico coronando un sucesor, es el mayor símbolo de inmovilismo y perpetuación del estado de hecho. La inequívoca expresión de la apuesta por una sociedad de castas, desde la real hasta la financiera, pasando por la política.
La prisa de los partidos mayoritarios, de la casa real, de la iglesia y de diversos grupos de poder, para cambiar la ley sucesoria y aplicarla de inmediato, revela un plan que prolonga la ruinosa fachada democrática de nuestro postfranquismo.
Así las cosas, no podemos sino repudiar este símbolo y lo que simboliza.

14 de abril de 2014

Ni oirlo mencionar


No se entiende el porqué este rechazo visceral a una república en nuestras Españas, ¡en el 2014!
Tal vez porque en el imaginario de estas tierras República siga siendo sinónimo de voluntad de justicia, igualdad, dignidad.
Deseo de un país menos podrido, sin indultos a banqueros que roban a sus clientes, ni a cargos electos condenados por corrupción.
Sigue siendo un ideal y tal vez por eso mismo, quienes están enfangados hasta las cejas no quieren ni oirlo mencionar.

12 de septiembre de 2013

Medidas de justicia


La vuelta de vacaciones me está dejando perplejo, debe ser la edad, pero cada vez que se me ocurre conectar la televisión me encuentro con alguna sorpresa. Y no me refiero a la mezcla de ridículo y cara dura que ha supuesto la payasada de presentar a Madrid -ya ni se sabe cuántas veces- como candidata a las olimpiadas. Eso despierta una sonrisa, agria, ¿cuánto dinero llevamos tirado?, pero sonrisa al fin. Me refiero a las eficaces medidas que se están poniendo en marcha para acabar con la crisis, entre las que destaco tres nuevos programas de la tv pública. 
Al primero acuden espectadores con problemas, como estar en paro, no poder pagar la matrícula de la universidad o una cama articulada para un enfermo … y el público ayuda con donaciones o algún otro favor. El segundo consiste en fomentar el apoyo, la acción social entre ciudadanos, mostrando ejemplos de solidaridad y poniendo en contacto espectadores necesitados con otros voluntarios.
Excelentes soluciones para unos gobernantes que vacían la idea de justicia y la sustituyen por la de solidaridad, (en sus casas lo deben llamar caridad cristiana -¡menuda burla!-). Mientras el poder se encarga de destrozar la justicia social generando desigualdad, han de ser los propios ciudadanos quienes se ayuden a seguir adelante, y además nos ofrecen un enternecedor espectáculo.
El tercer programa es un concurso para quienes quieren montar una empresa -emprendedores es la palabra de moda- otorgando al ganador 100.000 € El mismo truco rastrero, lo que impide el estado lo suple la tv. ¿Quién dice que sea obligado el emigrar para los jóvenes?, si estamos fomentando la competencia sana y la excelencia.
¿Dónde queda la justicia distributiva del viejo Aristóteles, al que muchos de los “intelectuales” del gobierno siguen llamando el filósofo? ¿Dónde esa equidad de Rawls, pensador tan del gusto de los liberales?
¡Ay! Retornan las damas con abrigos de piel pidiendo ayudas para los pobres y organizando rastrillos benéficos. Tiempos magistralmente descritos por Berlanga en su Plácido … me voy a verla.

15 de junio de 2013

furia española



Creo que la furia española forma parte de la leyenda, no se si negra o de qué color. En todo caso, del color de la mentira. Me pregunto dónde están la furia, la rebeldía, el corazón anarquista y valiente, desinteresado y luchador, del que tanto nos han hablado. ¿Sera que 40 años de dictadura y casi 40 más de postdictadura, maquillada de demoblandia, han logrado amansar la hispana fiera?
Apenas si entiendo algo. ¿Se ha logrado domesticar a la fiera indomable? o resulta, más bien, que jamás existió sino una imagen fantaseada. Recuerdo que el último dictador no fue depuesto, expulsado, ni marchó al exilio ... murió de viejo.
Los leones del Congreso son un símbolo grotesco, propongo sustituirlos por un par de camellos, el animal que Nietzsche emplea para significar el aguante cobarde, sumiso, la vida arrodillada. Dos camellos arrodillados con una estampita de la virgen bajo su pata, a la espera del milagro. Como irónicamente señala Al Juarismi.

8 de abril de 2013

Reinvéntate

 Incluso la mosca (junto al 10), heredera de Sócrates, se ha dado cuenta.
 
Si el ministerio considerase las posibilidades de la filosofía, la potenciaría como dice que va a hacer con las llamadas asignaturas “instrumentales”. Aunque no se sabe muy bien de qué, ni para qué son instrumento.
Pasaron los siglos XVIII y XIX, y estamos en el XXI pero los ministros de educación siguen sin enterarse.
Nuestra sociedad, presa de una inercia entrópica, necesita reinventarse y la crisis actual debería ser un revulsivo para replantear presente y futuro. Para este asunto la filosofía es plenamente instrumental, y hay quien se está dando cuenta, como reza el cartel.
Claro que tal vez la instrumentalidad ministerial trata precisamente de eso, de no reinventar nada.

31 de enero de 2013

Nacionalismos


El nacionalismo del pobre, del oprimido, el nacionalismo kurdo o el saharaui nos inspiran una ternura comprensiva y pueden ser contemplados con benevolencia. Muy otro es el sentimiento inspirado por el nacionalismo del rico, del explotador, como el catalán o el vasco, que ha crecido sobre el sudor del emigrante y las espaldas de unas estructuras injustas, que le han otorgado beneficios para acallarlo y fomentar otro nacionalismo, el español.
Entiendo al kurdo perseguido hasta ser víctima de genocidio, al saharaui sin tierra ni nacionalidad, y los entiendo porque más allá de querer una nación, se trata de querer recuperar la dignidad humana, e incluso de algo más elemental todavía, se trata de supervivencia física. No soy capaz de comprender al vasco, ni al catalán, que apoyados sobre una situación de superioridad, pretenden seguir incrementando sus ventajas. Por ello la autodenominada izquierda nacionalista me parece una contradicción, puesto que emplea un doble rasero, el de la justicia para los míos a costa de la explotación de quienes no lo son.
Que certeros fueron los anarquistas al desenmascarar los ideales de patria, nación, independencia. Soflamas, herramientas de dominio del patrón, a costa de sufrimiento, incluso de guerra, para el trabajador que se deja engañar por ellas.

Hoy, los nacionalismos europeos no son sino herramientas al servicio de neocons y de la contrarevolución del liberalismo económico que, bajo la tapadera de la crisis, deshace los logros que lo habían tornado más humano y retrocede hasta el inicio del capitalismo industrial. Mientras los viejos estados-nación agonizan, por efecto de la globalización económica y su usurpación del poder político, resulta una eficaz maniobra de distracción dividir a los ciudadanos bajo pequeñas banderas nacionales, desviando la mirada de sus auténticos problemas.

13 de septiembre de 2012

Cambiando España


Ruletas y montañas rusas, Eurovegas y Barcelona World, tienen un común denominador: gana la casa.
Estamos viviendo las consecuencias de un empleo basado en el ladrillo, en la especulación, y se nos propone más de lo mismo. Porque la mayoría de esos empleos prometidos durarán lo que dure la construcción de la burbuja y luego las pérdidas se repartirán entre los de siempre. ¿Qué otra cosa ha sucedido con el parque Warner, Terra Mítica, Isla Mágica y tantos otros? Creados con dinero público, vendidos a precio de saldo, al borde de la quiebra y con continuos despidos de trabajadores.
Más allá del mareo de las atrcciones y el deslumbramiento de las mesas de juego, no  perdamos de vista la cuestión de fondo, porque es la que genera estas actuaciones políticas: una total falta de visión, una ausencia de futuro, de proyecto.
¿Qué país queremos, cual es nuestra meta como ciudadanos de España y como parte de Europa? No hay visión política en nuestros políticos, salvo que la entendamos como un más de lo mismo, como un pícaro medio de vida. El pícaro necesita de la honradez del otro a quien engaña, de quien se aprovecha y, además, se burla. Por eso no se preocupan del partido rival sino secundariamente, están en el mismo tajo. Su preocupación urgente es acallar y descalificar por todos los medios, las voces críticas, las alternativas que tienen algún proyecto de futuro. ¿Qué sucedería si lograsen contagiar a la mayor parte de la ciudadanía?
Sin pretenderlo, su mismo afán por evitar el contagio propicia una falta de identificación social. Caemos en el particularismo; nadie se siente parte del comun conjunto que es la sociedad a la cual pertenecemos (van para cien años cuando Ortega ya se quejaba de esto mismo).  
Además, la actuación del gobernante, puesto que nos representa,  es inevitable modelo, luego fomenta la picaresca entre sus representados. Así, crece el fraude con el iva y demás impuestos, la economía sumergida y el chanchulleo a pequeña escala. La que está al alcance de cada ciudadano que hace lo que sus gobernantes hacen, no lo que dicen.
Consecuencias de este panorama son la desmoralización general y el sálvese quien pueda, que conducen hacia el completo deterioro de un tejido social sano, y de la sociedad misma. Porque esta no se compone de grupos aislados, donde unos tratan de parasitar al resto, sino que es un todo unitario, donde cada parte ha de llevar a cabo su función para posibiltar la vida del conjunto. Si la sociedad naufraga, todos nos ahogamos, da igual la categoría de nuestro pasaje.

14 de junio de 2012

Sendero hacia la libertad



La costumbre de simultanear varios libros de lectura tiene grandes ventajas, los libros que me gustan duran más. Hago como los niños que dosifican sus golosinas preferidas para alargar su fruicción, aun a costa de hacerla menos explosiva. También pegas, porque los personajes y sus historias no son puros, acaban influidos unos por otros al cohabitar mi tiempo y mi espacio.
Uno de los libros recien acabado es Sendero hacia la libertad, de Julián Escuer Fustero (editado y prologado por Herminio Lafoz). Más de cuatrocientas páginas escritas por un obrero del metal, agricultor aficionado, mexicano nacido aragonés en 1917, en las que narra recuerdos desde su infancia hasta su llegada a Veracruz (Méjico) en 1942. Testimonio de una época convulsa en nuestro país, la Segunda República, la guerra civil y los primeros años de la dictadura.
Una mirada en primera persona y a pie de calle, no desde la distancia de quien ocupa cargos o maneja resortes de poder. Tampoco está mediada por la distancia del observador, ya sea intelectual, historiador o periodista. Por ello, la de Julián, resulta tan viva y próxima para cualquier lector.
Libro necesario para restaurar la microhistoria, la historia familiar, local, regional, esa que resultó secuestrada por casi cuarenta años de silencio impuesto, custodiado por el miedo. La que hemos debido reconstruir a duras penas, incluso contra las instituciones “democráticas” de nuestra actual España, gracias a testimonios como este.

Sorprendido en zona “nacional” al estallar la guerra, inicia un periplo que lo lleva desde Zaragoza hasta Barcelona y las baterías de la Costa Brava. El fin de la guerra lo empuja a Francia, donde pasará por cuatro campos de concentarción distintos, Saint Cyprian, Agde, Gurs y Septfonds, hasta lograr llegar como trabajador a una fábrica de Saint Nazaire para, desde allí, ser devuelto a España por los nazis. Salva la vida y acaba recluido en el campo de concentración de Miranda de Ebro, para ser enviado al Batallón disciplinario nº 1 de Punta Carnero, en Gibraltar. Logra escapar y vía Zaragoza (el camino más corto no es el más directo en una huida), cruza a Portugal, desde donde logrará, ¡al fin! embarcar rumbo a Méjico.
Hay material, cuando menos, para una gran película de aventuras. Una que cante las ganas de vivir, la resolución y el ingenio humano para ir saliendo de situaciones cada vez más complejas.

Uno de los rasgos más notables de las memorias de Julián es que, a pesar de lo sufrido, están gobernadas por unas ganas de vivir, y de hacerlo en libertad, contagiosas. Un vitalismo optimista que reduce muchos de nuestros actuales problemas al rango de fruslerías.
Pacifista, a partir de la sin razón de nuestra guerra y sus consecuencias es capaz de trascender la circunstancia y construir un alegato antibelicista y antifanático de todo tipo:
“Esta maldita guerra que dura ya más de dos años está dejando a España en la ruina total. Ruina económica, ruina social y ruina moral en cada individuo.¿Podrán volver a ser hombres esos inocentes que pelean como fieras rabiosas, ante la disyuntiva de morir o matar? ¿Y esas mujeres, casi niñas muchas de ellas, que se han entregado por unas migajas de pan?, nunca olvidarán esta tragedia, pero, ¿podrán vencer el trauma que esto les dejará? Los que, como yo, si tenemos la suerte de que no nos toque la metralla, ¿cuántos años habrán de pasar para que no nos atormenten los recuerdos?... ¿Quienes son los culpables y por qué, sin pararse a mirar ni importarles las consecuencias, nos lanzaron a esta catástrofe general? Esos “quienes” no sienten remordimiento ni pena. Al contrario, son los que en la retaguardia celebran los triunfos con fiestas, mientras en los campos de batalla se recoge a los muertos y a los heridos.” (pág. 187-188)

18 de abril de 2012

De todo y para dos

La dedicación de los filósofos a la política no suele acabar con resultados felices, especialmente en este país. Recordemos a Unamuno, a Ortega y Gasset o, sin ir más lejos, al anterior ministro de Educación. Sería por ingenuidad filosófica, impericia política, o por unos pies demasiado alejados de nuestro fangoso suelo, pero pretendió un pacto de estado sobre educación. La criatura resultó sacrificada sin contemplaciones desde su mismo nacimiento, como hiciera Herodes con aquellos inocentes, por la mano firme y la voz grave de una de las reinas del, entonces, mayor partido de la oposición.
Desgraciadamente, no restrinjamos privilegios a nadie ¿quién está libre de pecado contra la educación en las Españas?
La primera Iniciativa Legislativa Popular que superó con creces las 500.000 firmas requeridas, fue la de “Regulación de la financiación del sistema educativo”. Presentada en 1994 al Congreso con el aval de más de 625.000 firmas de ciudadanos. Pretendía crear una base necesaria para que nuestra educación fuera tratada con seriedad, y no como esa abuela, dispuesta a someterse a privaciones para evitar las nuestras, a la que siempre se recurre cuando hay gastos extras en la familia.
El PSOE, con mayoría parlamentaria, estuvo mareando la perdiz, impidiendo su acceso a trámite en el Congreso hasta que perdíó las elecciones. Y entonces, desde la oposición, urgió al PP para que la admitiese. Cuando al fin la propuesta del pueblo llegó al congreso, fue admitida, pero inmediatamente rechazada con los votos de PP, CIU y PNV.
Uno más, de los ataques que la educación sufre en nuestro país. No sólo desde fuera, principalmente por su estrangulamiento económico, sino también desde dentro, al faltar una visión unitaria y común de su importancia para construir un país democrático. Dos frentes que, como muestra el caso, suelen confluir.
No deja de sorprendernos la valentía y el buen hacer general, con que los profesores siguen enfrentándo tan turbulentas aguas. Como no deja de sorprendernos la buena disposición general de los alumnos.
Lo que no sabemos es cuánto más podrán aguantarlo, el agotamiento comienza a manifestarse. Y es que, como reza el ácido tango de Melingo, alumnos y profesores tienen “de todo y para dos”