La novela y su autor son poco conocidos en nuestro país, a pesar de que Čapek es el padre de una palabra tan familiar como robot, que empleó en su obra de teatro R.U.R. (Robots Universales Rossum) escrita en 1920.
La guerra de las salamandras apareció en 1936, año decisivo para la expansión de la pesadilla fascista en Europa. Čapek, checoslovaco, no sólo fue un agudo observador de sus vecinos alemanes, sino que, alzando su mirada, criticó los abundantes totalitarismos de su época, sin importar de qué signo fuesen.
La novela transcurre en un espacio geográfico que, a grandes rasgos, coincide con el de su momento histórico, pero al situarla en un tiempo indeterminado, altera la espacialidad de los mapas. De este modo, puede presentarnos una sociedad ficticia que retrata los dislates de aquellos años treinta, y alumbra el momento presente. No solo los fascismos, también los afanes colonialistas de las grandes potencias, y su rivalidad, desfilan socarronamente por sus páginas.
Por momentos, la obra se desliza entre la novela y la investigación periodística, siendo de gran interés la abundante documentación, tanto científica, como de noticias, construida por el autor en torno a las salamandras. Este recurso le sirve para practicar una aguda crítica a la deshumanización cientifista, y su alianza con el poder económico. Así, como si de un estudio político y antropológico novelado se tratase, nos ofrece una atípica distopía, salpicada de un humor lúcido y mordaz.
Hoy, la creciente banalización de la violencia, el auge de la ultraderecha, y el nuevo colonialismo económico, conforman un panorama al que podemos llamar postfascismo, y ante el cual esta guerra de las salamandras puede ayudarnos a entender las oscuras trampas que la especie humana se tiende a sí misma.
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