Hegel não entendio nada.
26 de mayo de 2013
20 de mayo de 2013
Oración II
El pasado viernes una de las limpiadoras de La Moncloa, encontró una
estampita que debió caer de la cartera de algún ministro. Fuentes
cercanas -una vecina muy devota- nos ha confesado ser ella quien, hace ya más de un año,
entregó unas estampitas ¡muy milagrosas! para rezar al comienzo de cada Consejo. La estampita reza así:
Padre Mercado
que campas por los ministerios,
santificada sea tu plusvalía,
déjanos seguir robando en tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra y el paraíso (fiscal),
el beneficio de cada día dánoslo hoy,
no nos dejes caer en los medios de comunicación
y líbranos de los escraches.
14 de mayo de 2013
Alpeis
La película "Alpeis" de Giorgos Lanthimos (Grecia 2011) me ha recordado los
ambientes de Angelopoulos, una Grecia fría, con lluvia, donde
dominan los tonos grises y azulados. También por la parquedad de sus
diálogos, su frecuente silencio y el uso diegético de los sonidos,
música incluida. El guión, en cambio, no resulta ni simbólico ni
poético, sino de una crudeza existencial camuflada por un juego de
espejos.
En sus cuadros, Friedrich escogió los
Alpes para simbolizar la naturaleza que reduce lo humano a una
pequeña figura perdida en el conjunto. En la película, la
organización Alpes (Alpeis en griego) reduce lo humano a la
intercambiabilidad total, es decir, a uno mismo y su egoísmo. Si en
Friedrich lo sublime natural destaca al humano, despertando el
interés por una figura nunca ausente, en Alpeis se destaca la
inhumanidad al desdibujar al individuo concreto, singular, convertido
en un doble al servicio de un sentido vital ausente.
La lectura más directa nos sitúa ante un pasatiempo
lógico, el de los actores que actúan fuera del escenario para
paliar las soledades y pérdidas de otros personajes, y lo hacen mediante una organización con un claro jefe llamada Alpes. ¿Dónde parar?
en este juego de teatro dentro del teatro. Digo teatro porque de ello
trata la película en este primer nivel, de actuar en directo y con
entrada, en la vida de quienes han sufrido una irreparable pérdida.
Mas esta lectura directa enmascara una segunda, que plantea la
profunda crisis de identidad y el necesario rescate, que sólo es
posible en el encuentro con otros humanos y, especialmente, en el
encuentro corporal. Rescate que suplanta la soledad por la comunidad,
aunque sea esta una farsa y, en consecuencia, la identidad rescatada
paga el precio del desequilibrio emocional.
Y aquí se
enlazan los dos niveles, puesto que la necesidad de sentido resulta
tan acuciante en actores como en espectadores, manifestando el paisaje de una neurosis con brotes agresivos tanto hacia uno mismo como hacia los otros.
5 de mayo de 2013
Eppur si muove
A nuestras autoridades
educativas
El padre de Galileo, músico de oficio,
sabía muy bien lo que eran las penurias económicas (sin llegar a la
pobreza, no vayamos a pensar que era un sin techo de su época, ni
siquiera un perroflauta) por ello recomendó a su hijo seguir
estudios que le permitiesen una profesión de desahogo económico y
reconocimiento social, como la medicina. Insistía mucho a su
primogénito para que guiase sus pasos por el camino del bienestar
económico y la tranquilidad social. Sin embargo, al díscolo
muchacho lo que le gustaba era la música, la literatura y la
matemática. Un saber novedoso, este último, propio de artistas,
visionarios y otros muertos de hambre (y de Inquisición, a partir de
la Contrareforma). Trabó amistad con músicos, tocaba el laúd, leía sin
descanso poesía y se dedicaba al estudio de novedosas rarezas como el
vacío, la gravedad y los movimientos locales. Asuntos exclusivos de
frikis de aquel tiempo, como ese francés tan rarito, que se atrevió a
escribir sobre ciencia en francés, en lugar de latín. No se
conocieron personalmente, pero sí leían sus respectivas obras.
Claro que ¿quién iba a dedicarse a leer semejantes desvaríos
improductivos? sino gentes con el cerebro reblandecido por tanto
excremento de pájaros matemáticos que habitaban sus cabezas.
Si hubiera hecho caso a su padre, es
decir, a la visión conservadora de su época, la que estaba al
servicio del statu quo y el orden establecido del momento, y la que
podía haberle proporcionado “éxito”, la ciencia moderna y sus
aplicaciones tal vez no hubiesen existido. Y es que defender algo
porque sea lo tradicional y lo bien visto por el poder no es amar la
verdad, ni emplear siquiera la razón, nos vino a decir el propio
Galileo.
No pasó de ser un profesor con apuros
económicos, en las universidades de Padua y de Florencia luego. Hubo
de discurrir ingenios, incluso militares, como fuente complementaria
de ingresos, con menos fortuna que más en sus ventas, la mayoría de
las veces. No pudo dar la adecuada dote a sus hijas, que acabaron en
un convento. Y, para colmo de mundanas desdichas, por no hacer caso a
sus mayores, acabó su vejez condenado a un arresto domiciliario
hasta su muerte. ¡Ni su padre llegó a sospechar tamaños peligros
de la desobediencia!
Desoyó los sabios consejos que por el
buen camino habían de conducirlo, pero gracias a ello es el padre de
la física moderna y, mejor todavía, estuvo satisfecho de su vida y
de sí mismo.
Eppur si muove, cuentan que
masculló por lo bajo tras abjurar ante la Inquisición. Y sin
embargo soy feliz, sería la traducción de su vida.
29 de abril de 2013
La interpretación del asesinato
La obra de Freud sigue siendo valiosa
explicación de la personalidad humana y su realización cultural en
que habitamos, probablemente la mayor construida hasta el momento.
Ofrece una visión integral donde encajan estructuras, mecanismos y
conductas, explicados con una visión integral y coherente. Sigue
conteniendo, además de gran fuerza explicativa, un interesante
potencial transformador del presente.
En poco tiempo he encontrado dos
sugerentes aproximaciones a este pensador y su época, la primera
desde el cine, “Un método peligroso” de Cronenberg, la cual
recomiendo sin reserva. Completa la clásica “Freud, pasión
secreta” de John Huston y la divertidísima “Inconscientes” de
Joaquín Oristrell. La segunda desde la literatura, “La
interpretación del asesinato” de Jed Rubenfeld, que ahora acabo de leer.
No hay rastro de poesía en sus más de
500 páginas, ni tan siquiera una novela bien escrita, pero sí una
estupenda aproximación al psicoanálisis y los tropiezos exteriores
e interiores que encontró a principios del siglo XX. Partiendo del
viaje de Freud, acompañado por Jung, a los Estados Unidos de América
en 1909, Rubenfeld construye una fantasía criminal a caballo entre
la novela histórica y la divulgación científica.
Además de Jung, el discípulo
predilecto que acabará trasnformado en Judas, desfilan como
personajes Abrahan Brill, Sandor Ferenczi o Ernest Jones, componiendo
el cuadro de las tensiones surgidas entre sus discípulos y
seguidores, aún en vida del propio Freud. Si bien, son tratados con
mayor detalle los problemas y obstáculos con que el psicoanálisais
se encontró en la sociedad victoriana de preguerra, tan cuidadosa de
las apariencias y formalismos, como asidua a las perversiones
ocultas. Son estas las que sirven de eje que permite articular el
panorama social y a la vez exponer una cuestión fundamental de la
obra freudiana, como es el complejo de Edipo. Y serán las teorías
del maestro las que permitan resolver el misterioso asesinato,
vergonzante flor de lo escondido bajo la alfombra.
Quiero destacar que la novela puede
hacer gala de honradez, con un apéndice al final donde deslinda los
personajes, hechos y lugares históricos, por un lado y los que son
ficción, por otro. Valioso ejemplo para muchas que se presentan como
“históricas”.
14 de abril de 2013
Recuerdo de esperanza
Hace unos días visité el Campo de
Gurs (muy cerca de Oloron, en el sur de Francia) donde acabaron internados unos 28.000 españoles, parte de
aquellas 500.000 personas que salieron precipitadamente de España
los primeros meses de 1939. Exiliados por el simple delito de
defender el régimen legítimo de la Segunda República Española. Y
cuando digo defender no quiero decir necesariamente con las armas, la
mitad de ellos eran población civil compuesta de mujeres, niños y
ancianos. Su voz, sus ideas y una honradez consigo mismos eran las
únicas armas que habían esgrimido. Si fue atroz su destino no lo
fue menos el de quienes quedaron en la España de la victoria.
Victoria del fascismo, de una sangrienta y larga dictadura, sobre las
ilusiones y esperanzas representadas por la Segunda República.
Por ello es deber ciudadano recordar y
contar lo sucedido, como lo es recuperar las ilusiones, hoy ausentes
por otro golpe de estado, el del capital financiero y sus fieles
sirvientes, para luchar pacíficamente por restaurar la dignidad
humana y la justicia.
Después de 82 años, a pesar de los
intentos de 38 de dictadura y de los últimos 36, La
República hoy sigue significando esperanza y apuesta por el hombre, su racionalidad y su calidad de agente moral, frente a la nueva
barbarie financiera.
8 de abril de 2013
Reinvéntate
Incluso la mosca (junto al 10), heredera de Sócrates, se ha dado cuenta.
Si el ministerio considerase las
posibilidades de la filosofía, la potenciaría como dice que va a
hacer con las llamadas asignaturas “instrumentales”. Aunque no se
sabe muy bien de qué, ni para qué son instrumento.
Pasaron los
siglos XVIII y XIX, y estamos en el XXI pero los ministros de
educación siguen sin enterarse.
Nuestra sociedad, presa de una inercia entrópica,
necesita reinventarse y la crisis actual debería ser un revulsivo
para replantear presente y futuro. Para este asunto la filosofía es
plenamente instrumental, y hay quien se está dando cuenta, como reza
el cartel.
Claro que tal vez la instrumentalidad
ministerial trata precisamente de eso, de no reinventar nada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









