28 de febrero de 2012

El mal ya está hecho

Tristemente estamos acostumbrándonos a la deslegitimación mediante la mentira consciente e intencionada. Cuando el asunto se resuelva el mal ya estará hecho. Es la estrategia deldifama que ahí queda.Por eso la sentencia absolutoria del juez Garzón, por declarar competente a la audiencia nacional para juzgar crímenes de la dictadura militar franquista, nos deja un sabor de boca dulzón e infecto.
El juez ya está fuera de combate con la sentencia del caso Gürtel, ratificada en un pleno extraordinario para evitar que la fecha fuera la del 23F, día de la sesión ordinaria en el que estaba prevista (el Supremo se dio cuenta de esta burla del destino, que hacía coincidir la fecha de tan duros ataques contra la democracia española). Por otra parte la atención internacional se centra precisamente en este juicio de los crímenes de la dictadura y su resultado. También aquí el Supremo se ha debido percatar de que estábamos dando la nota en exceso.
La advertencia para cualquier juez que se atreva a seguir los pasos de Garzón ya está bien clara. Se ha paralizado la investigación de los delitos de lesa humanidad perpetrados durante nuestra dictadura. Del estado español, no lo olvidemos, la que cuenta con el mérito de ciento catorce mil desaparecidos desde el comienzo de la guerra hasta 1975.
Nuestro Alto Tribunal admitió e hizo prosperar una querella, a propuesta de unas asociaciones (Falange Española, Libertad e Identidad y Manos Limpias) que no eran parte implicada y detentan una representatividad ciudadana tan escasa, como dudosa. Ninguneó a la parte implicada, las víctimas de la dictadura y sus legítimos herederos, tanto al impedirles su personación en el caso, como al encausar al juez que se había mostrado competente ante sus demandas. Y para colmo, con la ausencia del Ministerio Fiscal, que solicitaba el archivo de la causa.
¿Cómo nos vamos a alegrar? Tan solo respiramos aliviados por solidaridad con el juez.
El Tribunal Supremo ha invertido de manera tan descarada el papel de la justicia, que nos parece un intento de reinstaurar el viejo mecanismo del miedo: dejar claro a las víctimas que continuarán siéndolo y amedrentar a quienes tienen capacidad de dictar acciones que arrojen luz sobre nuestro pasado para que no se les ocurra hacerlo. Un pasado que se les escapa de las manos porque, a fuerza de taparlo, propician que los gases tóxicos emanados de su putrefacción, lo hagan reventar inevitablemente.
Para cambiar este mal gusto por otro, entre nostálgico y panfletario, ¡adolescente! para ser exactos, os dejo con esta tonada:

22 de febrero de 2012

Os debo una explicación ...

y esa explicación que os debo os la voy a pagar.
La conveniente explicación del título de este blog.
Cajón hace referencia al lugar en que se guarda y se protege. Al comienzo con esmero, pero condenado al desorden tras no mucho tiempo. Sin embargo, lo guardado permanece en él, aunque momentáneamente inservible.
Este cajón guarda lo pensado. Reflexiones e ideas espontáneas, que van surgiendo con la misma velocidad con la que se van guardando, es decir, olvidando.
Mi intención es darle utilidad a este cajón y para ello no hay sino que ordenarlo. La memoria es dicho orden, que permite a lo guardado esclarecer, un poco, nuestro presente y actuar en consecuencia.
La memoria puede ser decisiva en la construcción de lo que todavía no existe, el futuro, pero dirige desde su no-ser, la acción presente.
Las otras herramientas del porvenir serán más del tipo navaja de Albacete que de Suiza. Carentes de la sofisticada especialización suiza, pero adaptables a cualquier uso. Todo depende de la imaginación de quien la emplea, no del instrumento mismo.
La Historia de la filosofía, el cine y la música son, por ahora, mis herramientas más a mano.
Parafraseando el espíritu, más que la literalidad, de uno de mis maestros, Luis Cencillo, se resumiría: nuestro pasado retenido nos permite transitar el escurridizo filo del presente, atraídos desde la urgencia del futuro.
Espero que la explicación sea, cuando menos, tan clara como la de Pepe Isbert en Bienvenido Mister Marshall :

20 de febrero de 2012

Transparente


Una pancarta transparente y sin texto apareció por primera vez en Zaragoza, en la manifestación contra la segunda guerra de Irak, el 10 abril del 2003. Diversas ciudades españolas la han empleado desde entonces. En la manifestación de ayer reapareció en su Zaragoza natal, para marcar una frontera con los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT. Entre sus filas se podían ver, por ejemplo, representantes del PSOE que como buenos políticos, aprovechaban para sacar alguna ventaja electoral. Políticos en el pervertido sentido del término, el que domina hoy en nuestro país. Clase política se autodenominan a través de los medios de comunicación.
¿Cómo compartir espacio con quienes han preparado el terreno para las reformas actuales? Con quienes han aplicado sistemáticamente medidas neoliberales en lo fiscal y en lo laboral, que han ido horadando los logros del estado del regular-estar español. No nos ha dado tiempo a llegar al bienestar y ya lo están desmontando.
¿Cómo compartir espacio con unos sindicatos desprestigiados desde fuera y desde dentro? Sindicatos que han olvidado la vieja estrategia de enfrentar a los trabajadores, ya denunciada por Marx, y no han sabido ver al enemigo, agazapado tras las siglas de demasiados partidos políticos.
La pancarta muestra una frontera, la que media entre la ciudadanía y quienes deberían ser sus representantes democráticos. La frontera entre la sociedad civil, que todavía parece estar viva para algo más que para iniciativas económicas privadas, a pesar del sistemático ataque sufrido desde hace décadas por nuestra clase política. La frontera entre una esperanza de renovación moral y el fariseo más de lo mismo, disfrazado de diversos modos.
Transparente porque quienes manejan hoy las reglas del juego tratan por todos modos de que sus portadores lo sean. Ayer mismo, la policía sólo recibió orden de identificar y ¿quién sabe? si era posible, neutralizar al numeroso grupo que iba tras ella.
Transparente porque no quiere tener nada que ocultar, y porque ella misma, ausente de texto, lo dice todo. Transparente y frágil como la esperanza, pero necesaria para la vida de cualquier humano.

15 de febrero de 2012

Kant y su doble


Fuí a ver Le Havre de Aki Kaurismäki en un reciente viaje a Madrid (en Zaragoza se me había escapado) y al encenderse las luces me pareció ver a don Immanuel Kant, en una butaca cercana a la puerta. Su cara me dijo, sin lugar a dudas, que a los dos nos había encantado.
Kaurismäki no da una clase de doctrina, ni un mitin, cuenta una historia pequeña, un cuento particular y transparente, para mostrar en qué consiste el comportamiento moral ante un problema cotidiano, como la emigración. La actuación de los personajes, de todos ellos, es tan próxima, tan material (en el sentido kantiano) que, precisamente por ello, nos está ofreciendo un modelo universal.
La ley política contradice el deber moral, aunque sus guardianes, cuando son humanos, acaban seducidos también y puestos a su servicio. Como el personaje del inspector de policía. (No tiene desperdicio la secuencia de éste con la dueña del bar -piña incluida- y toda la historia elidida que gravita en ella.)
La película, limpia, sencilla, empatiza con el espectador sin pretenciosidad, sin grandilocuencia, como se va moldeando a las buenas personas.
Cuando quise preguntarle a don Immanuel porqué le había gustado ya no pude encontrarlo. Creo que se avergonzaba o que no era él, sino su doble.

El camino hasta llegar a la actuación de Roberto Piazza, voz de Little Bob Story, sin duda merece un capítulo aparte.

10 de febrero de 2012

¡ Ven, Capitán Trueno!

Desde que el Tribunal Supremo confirmó la vuelta del caso Gürtel a la Audiencia Nacional, concretamente a la sala 5ª, la de Garzón, el resultado del primer juicio por prevaricación contra este magistrado se veía venir. No importa que su actuación estuviese avalada por la fiscalía y prorrogada por el juez que le sucedió en el caso, sin ninguna imputación para estos. Tampoco la gravedad de los delitos investigados, ni que pudieran seguirse practicando desde la cárcel, con la mediación de sus abogados. Lo único importante es el escarmiento de un juez, al que demasiados se la tienen jurada. Tal vez la envidia, el pecado nacional, no esté ausente en el asunto, pero si otros quieren ser estrellas, que sigan su ejemplo y no el del perro del hortelano.
Siento pena por el juez condenado, pero siento un dolor hondo y mucha rabia porque se anteponen oscuros intereses al triunfo de la justicia. Porque esta sentencia también va contra Garzón, pero, sobre todo va contra la credibilidad del poder judicial español. Si ya bastante deteriorada, actuaciones de este tipo ¡y por parte del Tribunal Supremo!, acaban de rematar la confianza en uno de los tres pilares de toda democracia.
Las declaraciones de Garzón en una nota ante la sentencia lo dicen claramente:
Esta sentencia, sin razón jurídica para ello ni pruebas que la sustenten, elimina toda posibilidad para investigar la corrupción y sus delitos asociados abriendo espacios de impunidad y contribuye gravemente, en el afán de acabar con un concreto juez, a laminar la independencia de los jueces en España.
¿Cómo vamos a construir un país democrático, con ciudadanos íntegros que confíen en sus instituciones con estos desmanes? Y es este, no el hundimiento de Garzón, el verdadero calado de la sentencia. La justicia española es el mundo al revés, un ejemplo del camino que nunca debemos seguir. Sólo nos queda la esperanza de que venga el Capitán Trueno y ponga las cosas en su sitio: